| Sergio Saro |
Relucen los datos en la página digital de la plaza de toros de Las Ventas indicando una progresiva mejora del despacho del abono isidril. Lo anuncian también las redes sociales de la misma, regentada por la empresa Plaza 1. Han ascendido hasta los 18520 abonos, detalla el titular.
La información anunciada refleja un progresivo aumento del apoyo del aficionado.
Hablamos de ese tipo de personas, idealistas, que resultan ser el grueso del serial, que no solo pasan por taquilla, sino que además – y esa es su característica principal -, se comprometen financieramente con el proyecto durante, al menos, lo que dura el abono básico, es decir, 23 tardes. O lo que es lo mismo, 23 trayectos de ida y 23 trayectos de vuelta en unos vagones de metro saturados, compartiendo un ínfimo espacio, apretados, hasta el nivel de oler al colindante. 23 tickets de aparcamiento, 23 piscolabis, 23 refrigerios, 23 culapiedralgias (dícese del dolor que aparece tras estar continuamente sentado encima de una dura piedra), 23 ascensiones de escaleras, 23 D-hipervitaminosis, excepcionalmente algún diluvio y un acumulado aproximado de unas 70 o 72 horas de liturgia esperando que, en alguna tarde haya suerte y se vea algo de interés.
Se informa de la evolución de la venta de abonos de San Isidro acompañando la noticia con una gráfica que compara los datos desde el año 2022. 2021 fue un año raro, todos sabemos la razón.

Revisando esos datos y las diferentes reacciones de cada uno en los diferentes portales y redes sociales, llama la atención una reflexión. Una que indica “cada año que pasa, una figura se va. Cada año que pasa, más abonos se venden”.
Y, efectivamente, da la casualidad que desde la retirada inicial de Manuel Jesús “El Cid” en 2022, que abrió el camino de las retiradas a las popularmente llamadas “figuras del toreo”, – entre ellas, sonados fueron los casos de “El Juli”, Enrique Ponce, Pablo Hermoso de Mendoza y la última la de Morante de la Puebla en 2025, aunque, en un ejercicio de contorsionismo discursivo posteriormente transformó su retirada del añadío en una breve pausa de reflexión -, la falta de figuras ha ido acompañada, contrariamente, de un aumento de las ventas de abonos.
En estas condiciones, con la – temporal – retirada de Morante y su consecuente ausencia en los carteles venteños, surgió la duda de cómo recibiría el aficionado los nuevos carteles. Alguno dijo que le daban pereza. Y el aficionado respondió. De pereza nada. 1000 abonos más respecto del año anterior. 1000 comprometidos con la Tauromaquia más. 1000 viajeros apretados en el metro más. 1000 personas más expectantes ante la nueva realidad, una realidad sin figuras, una realidad en la que poco a poco se vislumbra una cierta igualdad de condiciones. De oportunidades por alcanzar el trono vacante. Una nueva realidad en la que los actuantes no deban respetarse y puedan volver a competir, para alcanzar sus objetivos personales, por ego, por dinero, por fama, cada cual que elija su motivación.
En estos instantes previos al inicio de la feria de Fallas la aspiración de este humilde aficionado es, más allá del festejo en sí, de lo que técnica o artísticamente pueda suceder, poder seguir la evolución de los toreros a lo largo de su carrera profesional, ver la ascensión de un desconocido aspirante hasta conseguir lo que en algún momento soñó ser, sin techos de cristal, sin boicots, sin cambio de cromos, en competencia, cara a cara, de frente y por derecho, y que no rehúya a defender su posición a lo largo del tiempo, enfrentando en el albero habilidades y tragaderas, méritos y deméritos, sin elegir compañeros de cartel, como otrora lo hiciera – en su ámbito – don Rafael Nadal Parera, esperando que las malas tardes sirvan para aprender y los triunfos se reconozcan y sirvan para estar anunciado automáticamente en los carteles de las ferias posteriores.
Para ello, es necesaria una temporada como esta. Sin personalismos. Sin figuras. Con igualdad. Con esperanza. Con opciones de triunfo. Sin pereza. Con optimismo. Sólo falta el bombo. 2026 es el comienzo de una nueva realidad. De un nuevo paradigma. Tiempo al tiempo. Son tiempos para la esperanza.

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